Cuando pienso en quién me hubiera gustado ser de mayor, no albergo ninguna duda. Quería ser Indiana Jones.

 

Indiana Jones ocupó el lugar de los héroes bíblicos y de los futbolistas para un profano niño de San Fermín, que no podía creer lo que contaban los relatos judeocristianos ni le entusiasmaban los cromos Panini de la Liga. Ese hueco mitológico fue colmado por este personaje a medio camino entre James Bond, el Zorro y un chuleta de barrio que se hizo doctor. En mi situación, este héroe me venía como anillo al dedo.

 

Ventitantos años después, estamos abriendo una productora Blanca y un servidor. 37Paquidermos, nuestra propia productora. Y abrir una empresa es sin duda, una gran aventura. Es nuestra particular aventura en busca del Cáliz de Cristo o dicho de otro modo, una aventura hilada por un mcguffin personal, ese elemento que nos alienta a tirar hacia adelante, que organiza y articula palos de ciego, convirtiéndolos en pasos en la dirección y sentido correctos. En  nuestro caso, un sueño de autonomía personal.

 

Nos han tocado tiempos convulsos, como los que rodeaban a nuestro héroe. No es la sombra del nazismo  la que se cierne sobre el mundo. Pero un complejo y corrupto fantasma insiste en recorrer Europa. Son tiempos en los que la hipocresía política pertenece a la ciudadanía por la misma razón que le pertenece el cambio.

 

Indy cambió el curso de la Historia. Encontró contratiempos y enemigos en el camino. Igual nos pasó a nosotros. Si bien nos han hecho morder el polvo, también hemos aprendido para hacernos más fuertes y ser más astutos. Ahora podemos cambiar nuestra Historia… Podemos cambiar esa porción de mundo que está a nuestro alcance y que podemos modelar, para asentar las bases de la sociedad futura.

 

Estamos muy cerca del fin, de emprender. Pero, como le sucedió a Indi, antes de tener acceso a la copa que contuvo la sangre de Dios, debíamos superar tres pruebas: Tres ardides de una astucia letal. Sólo las superaríamos asistidos de nuestro bagaje, de nuestra experiencia… de esa libreta con anotaciones que llevamos todos en nuestro interior… Quien iluminó ese manuscrito, habría de iluminar nuestro camino.

 

En la primera prueba, la Ira de Dios, sólo el penitente habría de pasar. Y fuimos penitentes. Nos humillamos. Nos arrodillamos ante el dios de la producción audiovisual. Y tragamos mucha mierda. Pero teníamos que llegar a la siguiente prueba.

 

La segunda prueba era la Palabra de Dios. Para llegar al siguiente umbral, debíamos pisar las losas que deletreaban el nombre de Jehová. De algún modo, eso hicimos. Hemos seguido la palabra, es decir, el código que consideramos idóneo para producir contenidos. Una ley sobre la forma correcta de trabajar… Pero también la forma correcta de comportarnos como ciudadanos, de responder ante los demás y de poder alegrarnos cada vez que un espejo se cruzase en nuestro camino. Un código complejo, en el que creemos y tenemos fe.

 

Y aquí estamos, al borde del abismo. Teníamos claro lo que implica nuestra profesión y teníamos claras las reglas de juego que creemos correctas. Nos quedaba la tercera y última prueba: El Sendero de Dios. Sólo el que saltase de la cabeza del león probaría su valía. Esto es, un salto de Fé. Nos disponemos a dar un paso a ciegas. Nuestros sentidos nos indican que la caída es inevitable y mortal. Pero la Fé nos hace dar el paso. Sólo tenemos que creer en nosotros mismos. Y lo hemos dado. Y no nos hemos caído.

 

Indiana Jones - Salto de Fé

Indiana Jones – Salto de Fé

 

Descubriremos que el fin, ese mcguffin, ese… Santo Grial… No era si no un medio. En el caso de la mitología de Indiana Jones, un medio para salvar  a su padre. En nuestro caso, un medio para cambiar nuestro sector, nuestro entorno y nuestra sociedad… Un medio para ser felices.

 

Caigo en la cuenta: estoy consiguiendo ser como Indiana Jones. Estoy logrando ser el héroe que desee ser cuando era pequeño.

 

Damas y caballeros, esto es 37Paquidermos.